Cuando todo se desmorona (y algo parece sostenerse). Una exposición de Joseph Grigely y Amy Vogel en la galería Prats Nogueras Blanchard.

 

Cuando todo se desmorona (y algo parece sostenerse).

Una exposición de Joseph Grigely y Amy Vogel en la galería Prats Nogueras Blanchard.

 

Joseph Grigely & Amy Vogel, When Things Fall Apart.

Galería Prats Nogueras Blanchard. Calle Beneficencia, 18B. Madrid.

Del 16 de noviembre de 2024 al 19 de enero de 2025.

 

En un rincón discreto de Madrid, la galería Prats Nogueras Blanchard acoge When Things Fall Apart, una exposición que, en su título, promete caos, pero entrega algo mucho más medido: una reflexión minuciosa sobre el acto de mirar, de recordar y de recoger los fragmentos. Joseph Grigely (1956, Massachusetts) y Amy Vogel (1967, Washington, D.C.) trazan un diálogo artístico que gira en torno a lo quebradizo: cuerpos, palabras, objetos y, quizá, la paciencia del espectador.

La conversación que proponen no solo habita en el espacio expositivo, sino que parece haberse incrustado en las paredes mismas, literalmente, como en la obra de Grigely, Between the Walls and Me, donde su propio autorretrato se da cabezazos contra la pared, dejando tras de sí un rastro de escombros y desesperación que resulta tan hilarante como incómodo. 

Joseph Grigely, Between the Walls and Me, 2023. Molde de yeso, escombros y paredes dañadas, 38.1 x 30.4 x 20.3 cm. Fotografía facilitada por Prats Nogueras Blanchard.

Cuerpos que se dibujan en la penumbra

Joseph Grigely, que es sordo desde los diez años, trabaja con las cicatrices de su propia biografía. Sus obras combinan un humor ácido y una extraña belleza. En My Sick Eye Drawings, una serie creada a partir de su experiencia con una hemorragia ocular, suspendidas entre lo clínico y lo cósmico, se explora el misterio de mirar cuando la percepción se tambalea. No se trata de entenderlo todo, sino de aceptar las formas que se desdibujan, los colores que emergen en la penumbra, los remolinos que el ojo retiene como huellas de un universo interior. En este juego entre luz y sombra, entre lo visible y lo incierto, las pinturas parecen susurrar que mirar no siempre significa comprender, sino estar dispuesto a habitar lo desconocido. Podemos ver manchas circulares que podrían ser sus propios ojos, planetas o, con un poco más de imaginación, el vino derramado en la mesa de una cena demasiado larga, que nos retrotrae a otra de sus obras, What the Stress Amounts to, una pieza hecha con cápsulas para botellas de vino que parece alargarse hasta el infinito. ¿Es una reflexión sobre los residuos de nuestras noches de celebración? ¿Una broma sobre la repetición de los vicios? Sea como sea, Grigely transforma lo banal en un juego interminable donde cada cápsula es un pequeño monumento al exceso. 

Vista de la exposición When Things Fall Apart de Joseph Grigely y Amy Vogel en Prats Nogueras Blanchard, Madrid, 2024. Fotografía facilitada por Prats Nogueras Blanchard.

El peso del futuro (borrar para dejar un rastro)

Por su parte, Amy Vogel propone un contrapunto más contenido, pero no por ello menos potente. Sus Erasure Drawings, creados a partir del acto de borrar, son un juego con la memoria y la ausencia. Vogel, que sufre una enfermedad autoinmune que afecta a su movimiento físico, convierte la eliminación en creación, el deshacer como otra manera de hacer: lo que desaparece deja un rastro, como si borrando se pudiera también dibujar. De este modo, la enfermedad que alteró su relación con el movimiento físico se convierte en un catalizador de su arte, un recordatorio de que el cuerpo, aunque imperfecto, siempre encuentra formas de dialogar con el mundo. La naturaleza, en sus obras, no es un paraíso inmaculado; es un campo de batalla de tensiones humanas. Los ríos y bosques que traza están contaminados, no por desidia, sino por humanidad. Son paisajes que respiran inquietud, donde el agua fluye con una turbiedad casi moral, donde las ramas parecen susurrar secretos de un daño que no sabemos si ya está hecho o está por venir.

Por último, con Afterwards (BB8), Vogel nos lleva a un rincón extraño y fascinante donde lo Kitsch se encuentra con la tragedia, y lo pop se cruza con lo precario. Sobre el torso redondeado del robot BB-8 se posa un ave inmóvil disecada, que parece burlarse de toda narrativa de progreso tecnológico. Bajo ellos, un peluche aplastado que parece sugerir una nostalgia infantil truncada, una ternura que yace abandonada bajo el peso de “algo más grande”. La escultura es, al mismo tiempo, un chiste y un lamento. ¿Qué significa que un ave muerta repose sobre un ícono futurista de plástico? ¿Es una alegoría de la naturaleza derrotada, un recordatorio de que incluso nuestras creaciones más avanzadas son incapaces de escapar al desgaste? O tal vez es Vogel diciéndonos que lo "natural" y lo "artificial" no están tan separados como queremos creer, que ambos son productos de un mundo donde todo está condenado a acumular polvo. Lo más cautivador, sin embargo, es el tratamiento de la pintura. Ese dripping, casi descuidado, que une los objetos en una coreografía de colores descartados, tiene una historia propia: son las ups paintings, los pigmentos rechazados en las tiendas de pintura, las mezclas mal calibradas que nunca llegaron a utilizarse. En este contexto, las pinturas fallidas cobran nueva vida, como si Vogel las rescatara del limbo y las empujara a formar parte de una narrativa de segundas oportunidades. Es un gesto que encapsula su visión artística: transformar el descarte, lo roto, el error, en algo que no solo merece ser visto, sino que exige nuestra atención.

Vista de la exposición When Things Fall Apart de Joseph Grigely y Amy Vogel en Prats Nogueras Blanchard, Madrid, 2024. Fotografía facilitada por Prats Nogueras Blanchard.

Cuando todo cae (lo que queda)

La exposición como conjunto no está exenta de fisuras, y quizás ahí radica su mayor honestidad. Hay momentos en los que el diálogo entre las obras parece forzado, como si se tratara más de un ejercicio curatorial que de una conexión genuina. Es en estos instantes cuando el espectador podría sentirse un tanto perdido, atrapado entre capas de referencias que no siempre encuentran un punto de apoyo. La exposición flirtea con el caos que promete su título, pero a veces se queda a medio camino, como si tuviera miedo de despeinarse demasiado.

Sin embargo, When Things Fall Apart no parece ofrecer respuestas fáciles; no trata de arreglar lo roto, sino de mirarlo, darle vueltas, incluso reírnos un poco de ello. Claro, hay momentos en los que todo puede sentirse demasiado serio, demasiado reflexivo, pero entonces llega una cápsula de vino o un cabezazo contra la pared para recordarnos que el arte también puede ser un poco absurdo. When Things Fall Apart no se desmorona del todo, porque en su núcleo palpita algo que se sostiene: una belleza imperfecta, incómoda, que late con la intensidad de lo que nos obliga a mirar más allá. Es el eco de un cabezazo contra la pared, el rastro del grafito en un papel borrado, el peso de un ave muerta sobre un juguete futurista. Es el recordatorio de que, aunque todo se desmorone, algo –a veces un chiste, otras una lágrima– siempre permanece.



Esther Barreiro Martínez.

Madrid, 22 de diciembre de 2024. 

 






Comentarios

  1. Veo que el objeto futurista es una réplica de juguete de un droide de StarWars.
    Me gusta tu crítica, aunque eres demasiado condescendiente con la exposición.

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