LA COMPLEJIDAD DE LO COTIDIANO. El femenino plural de Concha Romeu en la Galería Luis Gurriarán.
Concha Romeu, Ellas (femenino plural).
Galería Luis Gurriarán. c/ Argensola, 25, 1ºC. 28004 Madrid.
Diciembre 2024 - Enero 2025.
En la disciplina musical, algo muy valorado por los intérpretes es tener una personalidad artística muy marcada que, en cuanto suene el primer acorde, sea fácilmente identificable la autoría. Pues bien, en el resto de disciplinas artísticas, muchas veces la reiteración de un estilo puede significar el rechazo por parte del público o de las instituciones, amparándose en el argumento de la pérdida de interés provocada por la repetición de las formas. Gran parte de culpa –sino toda– la tiene el ritmo frenético de vida en el que nos movemos y la consumición constante de imágenes e información que provocan que, lo que pasó hace una semana, ya se considere obsoleto. Concha Romeu, con su exposición, nos hace bajar a la tierra y centrarnos en lo que estamos viendo, en el momento presente. Es como si, de manera casi tangible, nos pudiera transmitir la concentración o serenidad que le produce el propio proceso creativo, tan íntimo, manual y emocional.
Licenciada en Bellas Artes por la UCM en 1983, cuando se le pregunta cómo se definiría profesionalmente, Concha Romeu lo tiene claro: "pintora que pinta, pero con hilo”.
Frente a la pincelada: la puntada.
Frente al bastidor: los paños, las sábanas, los pañuelos de tela.
Ellas
Ya la forma en la que nos la presenta la galería Gurriarán se demuestra la larga relación profesional que hay entre artista y galerista, ya que, entre las obras que pertenecen propiamente a la serie Ellas, encontramos –como si se tratase de un verdadero archivo– algunas creaciones de otras exposiciones que exceden, incluso, los quince años de antigüedad. Sin embargo, es en esta disposición donde se observa perfectamente cómo mantener un estilo a lo largo de toda la carrera profesional puede ser beneficioso. Cuando una artista es identificable –como en el caso de Concha Romeu– no pasa de moda fácilmente, ya que la única corriente que sigue es la de su propio gusto y personalidad, sin dejarse influir por el frenetismo del mundo que le rodea. Esta vida interior de la propia artista lo refleja en los retratos de las sesenta y cuatro mujeres –desde Marie Curie hasta Gloria Fuertes, pasando por Maruja Mallo, Eva Hesse o Alfonsina Storni–, en los que nos quiere mostrar la intimidad de las mismas, lo que no podemos ver a simple vista.
Nos encontramos con ellas de frente, apenas entramos en la galería, pero, a medida que avanzamos, la complejidad de sus mentes y sus vidas se van revelando poco a poco en el enmarañado revés. Un revés que, en el bordado tradicional, tiene que ser perfecto, idéntico al anverso. Que ambas caras sean indistinguibles. Una perfección que podríamos extrapolar a lo que se le exigiría –y se le sigue exigiendo– a todas las mujeres, incluyendo a estas grandes figuras que se nos aparecen entre las puntadas de Concha. Ahí es donde entra la dualidad técnica-historia. Para Concha Romeu, prima lo que quiere contarnos de ellas, sus biografías, no esa exigente perfección. La disciplina del bordado, como ya dije, conlleva un proceso muy íntimo y emocional, en el que, a través de cada puntada, quien la ejecuta se va vinculando sentimentalmente más con su obra. Es precisamente eso lo que sucede también en este caso, ya que la atracción de Romeu por estas mujeres es casi inexplicable. Como si se comunicasen con ella, unas le van llevando a las otras.
Todas fallecidas. Muchas de ellas, suicidas. Pero si algo tienen en común es haber logrado trascender a la historia a pesar de todas las dificultades que les tocó experimentar en sus vidas. Y puede ser que esta reivindicación, de la que Concha no hace alarde, tenga algo de propio, seguramente sin ser ella misma consciente. Ya el hecho de trabajar el textil, concretamente una técnica tan ligada a las labores domésticas –y, por lo tanto, femeninas– como es el bordado, supone todo un posicionamiento en el mundo del arte. Si a esto le sumamos que todos estos retratos están bordados sobre pañuelos de tela masculinos –como los que todas recordaremos por nuestros abuelos–, la declaración de intenciones está más que clara. A veces, cuando se hace sin esa voluntad se consigue reivindicar mucho más que si se buscase ese objetivo, como es el caso.
Como Penélope, hacer y deshacer.
Ellas siguen presentes de diferentes maneras en el resto de exposición. En las otras piezas que presenta en el espacio, el soporte textil y la idea de los paños o sábanas rescatadas de un ajuar se mantienen, pero a ese proceso de construir o hacer –mediante las puntadas– le añade otra capa más de complejidad: el deshacer. Ya sea con el desvanecimiento que se crea al descoser las puntadas luego de pintarlas, el tapar unas huellas que se realizan en la tela o el deshilachar diferentes sábanas para reconstruir una sola como unidad; Concha Romeu consigue atraparnos, de nuevo, en ese proceso intimista y silencioso de la costura. Pasamos a admirar no sólo el resultado estético de las piezas, sino que nos sigue invitando a reflexionar sobre el papel de la mujer en la historia y en la actualidad. Por un lado, los zurcidos que realizaban nuestras abuelas –y que se encuentran en muchos de los pañuelos rescatados por la artista– los recrea en Silenciadas tapando unas huellas anónimas coloreadas de rojo, tal y como fueron tapadas las figuras de tantísimas mujeres que quedaron en el olvido. Por otro lado, como una inspiración clásica, al más puro estilo de Penélope, en Decir callando deshace hilo a hilo sábanas de diferente procedencia para crear una totalmente nueva, provocando una libertad infinita en cuanto al sentido que le queramos dar cada una de nosotras como espectadoras de la obra.
A pesar de que su conexión sea mayor con mujeres que no conoce, las que pertenecieron a su propia historia, como su abuela y bisabuela, también aparecen –o desaparecen, según cómo se mire– en la serie de paños Desvanecerse. Algunas caras nos miran, otras miradas fueron emborronadas por la pintura que logró extenderse por las fibras, pero el efecto nos atrapa y nos obliga a detenernos en cada una de manera individual, obligándonos a reflexionar e, incluso, a imaginar cómo habrán sido sus diversas vidas. Sin embargo, lo sorprendente de estas piezas es también el resultado final que consigue. Un falso devoré que, en el mundo textil, sólo se consigue de manera industrializada y mediante químicos. De nuevo, mediante un procedimiento tan artesanal, manual e íntimo consigue efectos que, tanto estéticamente como emocionalmente, logran sorprender con su trasfondo.
En resumen, la exposición Ellas nos invita a conectar con las piezas y las puntadas para pararnos a observar cada uno de sus detalles, convirtiéndonos a nosotras mismas en una especie de bordadoras que terminan por vincularse con la biografía de estas mujeres, queriendo conocer más sobre sus vidas y logros. Cada una de estas piezas presentadas por la galería consiguen lo que Concha Romeu quería: rescatar a estas –y otras– mujeres de la historia para hacerles una especie de homenaje personal y traerlas a nuestro frenético presente, invitándonos a parar y reflexionar. Un aquí y ahora que se nos presenta delante de nuestros ojos en la Galería Luis Gurriarán.
Aldana Fernández Cambas
Madrid, 21 de diciembre de 2024
Muy bien, Aldana. Tal vez habría estado bien relacionarla con otras artistas que se han servido del bordado (y del tejido) como herramienta crítica. Hay ya una larga tradición, desde la Bauhaus, o el activismo de Judy Chicago o Ghada Amer. En España tenemos a Teresa Lanceta (tejido) y a Elena del Rivero (bordado). Además de Ana Pérez Pereda.
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